Agua turbia en tu piscina: Guía práctica para recuperarla con expertos

Todo iba bien hasta que un día miras la piscina y… sorpresa: el agua ha pasado de cristalina a un tono verdoso, marrón o incluso parece un caldo de brujas. ¿Qué ha pasado?

No te preocupes, esto les ocurre a muchas piscinas cuando el mantenimiento falla o el agua queda sin tratar por un tiempo. Recuperar el agua de la piscina no es imposible, pero requiere seguir ciertos pasos que los expertos conocen bien. Y aquí te los vamos a contar.

Vamos a desglosar el proceso paso a paso para que tu piscina vuelva a estar impecable, como si nada hubiera pasado.

Paso 1: Diagnóstico del problema – ¿Qué tipo de agua turbia tienes?

Lo primero que hay que hacer antes de lanzarse a echar productos es entender qué está pasando con el agua. No toda el agua turbia es igual, y cada problema tiene su propia solución.

Piensa en esto como cuando te pones enfermo: antes de tomar cualquier medicina, necesitas saber qué te pasa. Con la piscina ocurre lo mismo. Así que, antes de actuar, observa bien el agua y fíjate en su color y aspecto. Aquí te dejamos una guía rápida para identificar el problema:

Agua verde: las algas han tomado el control

Si tu piscina parece más un estanque abandonado que un sitio para nadar, tenemos un claro caso de invasión de algas. Esto pasa cuando los niveles de cloro bajan demasiado y las algas aprovechan para multiplicarse a toda velocidad.

El problema es que las algas no solo tiñen el agua de verde, sino que también pueden hacer que el suelo y las paredes de la piscina se vuelvan resbaladizas. Ignorarlas no es opción, porque si se dejan crecer demasiado, pueden ser difíciles de eliminar y hasta dañar los filtros.

Agua marrón o amarilla: metales en el agua

Si el agua tiene un tono marrón, amarillo o incluso anaranjado, lo más probable es que haya metales disueltos en el agua, como hierro o manganeso. Esto suele ocurrir cuando se usa agua de pozo o cuando el agua de la piscina reacciona con ciertos productos químicos.

El hierro, por ejemplo, se oxida al entrar en contacto con el cloro, lo que puede hacer que el agua tome ese color marrón feo. El problema aquí no son bacterias ni algas, sino partículas metálicas en suspensión.

Agua blanca o lechosa: exceso de químicos o mala filtración

Si el agua está blanca, turbia o parece que alguien ha echado leche en la piscina, el problema puede venir de dos frentes:

  1. Demasiados productos químicos: Si te has pasado con el cloro, los alguicidas o los reguladores de pH, el agua puede saturarse y volverse opaca.
  2. Filtración ineficiente: Si el sistema de filtrado no está funcionando bien (porque el filtro está sucio o dañado), las partículas en suspensión no se eliminan y el agua se mantiene turbia.

En este caso, no se trata de un problema biológico como las algas ni de metales como en el caso anterior. Aquí el problema es más técnico: hay que corregir la química del agua y asegurarse de que la filtración esté funcionando correctamente.

Paso 2: Cepillado y limpieza de la piscina – Fuera suciedad acumulada

Aquí no hay atajos. Si el agua está en mal estado, la piscina necesita una limpieza a fondo antes de aplicar cualquier producto. Cepillar las paredes y el fondo es clave para soltar las algas y residuos adheridos, permitiendo que los tratamientos actúen de manera efectiva. Es importante usar un cepillo adecuado según el tipo de revestimiento para evitar daños.

Una vez removida la suciedad, toca recogerla. Un buen repaso con el recogehojas eliminará la mayor cantidad de residuos flotantes, evitando que el filtro se obstruya más de la cuenta. Puede parecer un paso simple, pero es fundamental para recuperar el agua de la piscina y asegurar que los tratamientos químicos hagan su trabajo sin obstáculos.

Paso 3: Ajustar el pH – El equilibrio perfecto antes de cualquier tratamiento

Antes de aplicar cualquier producto, el pH debe estar en su punto justo, entre 7,2 y 7,6. Si está fuera de ese rango, el cloro y otros tratamientos perderán eficacia, haciendo que gastes tiempo y dinero sin obtener los resultados esperados.

Si el pH está demasiado alto, el agua puede volverse turbia y reducir el efecto del cloro. Si está demasiado bajo, puede corroer materiales y generar irritaciones en la piel y los ojos. Ajustarlo es sencillo: si está alto, se usa un reductor de pH; si está bajo, se agrega un incrementador. Es como cocinar sin medir los ingredientes: si algo está desbalanceado, el resultado final no será el que esperabas.

Paso 4: Supercloración – Adiós a las bacterias y algas

Este es el momento de la verdad. Si el problema es agua verde o con microorganismos, la solución más efectiva es una supercloración.

  • Aplica cloro de choque en la dosis recomendada según el tamaño de la piscina.
  • Deja actuar al menos 24 horas con el sistema de filtración encendido.
  • El agua se verá aún peor en este punto, pero no entres en pánico, es parte del proceso.

Si hay muchas algas, es posible que el agua tome un color blanquecino, lo que significa que están muriendo y ahora hay que filtrarlas.

Paso 5: Floculación – Para piscinas que siguen turbias

Si después del cloro el agua sigue blanquecina o turbia, significa que hay partículas en suspensión que no han sido eliminadas. En este punto, la mejor solución es usar un floculante, un producto diseñado para agrupar esas partículas y hacer que caigan al fondo de la piscina.

Una vez aplicado, es importante dejar el agua en reposo entre 12 y 24 horas sin filtrar, permitiendo que la suciedad se asiente completamente. Al día siguiente, solo queda aspirar el fondo con el sistema en modo “desagüe” para eliminar los residuos. Este paso es como recoger la basura después de una fiesta: fundamental para recuperar el agua de la piscina y dejarla completamente limpia.

Paso 6: Filtración continua – La clave para devolver la claridad al agua

Si hay un error común, es apagar la filtración demasiado pronto. En este punto, el sistema de filtrado debe funcionar al menos 24-48 horas seguidas para ayudar a eliminar los últimos residuos.

Si notas que el filtro se ensucia demasiado rápido, límpialo con frecuencia para evitar que pierda eficacia.

Paso 7: Últimos ajustes y mantenimiento preventivo

Ahora que la piscina vuelve a verse como debería, solo falta hacer un par de ajustes finales:

  • Revisar los niveles de cloro y ajustarlos si es necesario.
  • Mantener el pH equilibrado para evitar futuros problemas.
  • Usar algicida preventivo si el problema fueron las algas.
  • Programar la filtración diaria para que el agua se mantenga limpia.

Aquí es donde muchos fallan: si no sigues un mantenimiento regular, en poco tiempo estarás otra vez en la casilla de salida.

Una piscina recuperada con paciencia y método

Si has llegado hasta aquí, seguro que tu piscina ha pasado de parecer un pantano a volver a brillar. El secreto está en seguir los pasos en orden y no desesperarse en el proceso.

Mantener el agua cristalina no es cuestión de suerte, sino de prevención y cuidado constante. Y si alguna vez sientes que la situación se sale de control, siempre es buena idea contar con alguien que conozca los trucos para devolverle la vida a la piscina.

¿Qué te parece esta guía? Si necesitas algún ajuste o quieres profundizar en algún punto, dime y lo pulimos.

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